Archive | ETA RSS for this section

Nanclares ya está lista para acercar presos de ETA

ETA ha vuelto a hablar. La banda terrorista ha concedido una entrevista al diario Gara en la que explica por qué ha decidido declarar el «cese definitivo de la actividad armada». En una amplia entrevista de 12 páginas, ETA muestra su voluntad de entregar las armas. Lo hace con la siguiente frase: «El desarme está en la agenda y ETA está dispuesta a adoptar compromisos».
Eso sí, advierte que en el diálogo que entablaría con el Gobierno sobre este asunto deberían incluir “la vuelta a casa de todos los presos y exiliados”. “¿Alguien puede imaginarse la paz con las cárceles de España y Francia llenas de presos políticos vascos? Otra cosa, importante también, es cómo se lleva a cabo eso. Es lo que hay que hablar y acordar en la mesa de diálogo”. matiza ETA.
Estaba claro desde hace tiempo que ETA no va a entregar las armas ni se va a disolver si no resuelve antes este tema. La banda tiene 703 presos en la actualidad y unos 348 refugiados y huidos, según las Fuerzas de Seguridad. En este debate quizás va a cobrar importancia la inauguración de la nueva cárcel de Nanclares de Oca, que está prevista que se abra el 12 de diciembre.
En la actual cárcel de Nanclares,en Álava, hay 694 presos, de los que cerca de una 30 son presos disidentes de la banda. La nueva, que ha costado 116 millones de euros, cuenta con 720 celdas distribuidas en ocho módulos. Esta nueva prisión juega un papel importante si finalmente el Gobierno que salga de las urnas decide acabar con la dispersión de los presos etarras y congregarlos en las cárceles del País Vasco y Navarra. De los 703 presos etarras, 559 están en prisiones españolas.
No hay que olvidar que a principios del año que viene también está prevista la inauguaración del nuevo centro penitenciario de Pamplona: 504 celdas y una capacidad máxima de mil reclusos

ETA pegó un tiro a un etarra porque creía que era un topo

Xangarín Recondo Serrano, pamplonés de 32 años, fue detenido por la Policía francesa en abril de 2003. Había acudido a una farmacia de la localidad de Mur de Barez, a 170 kilómetros al noreste de Toulouse, a comprar vendas y medicinas. El reguero de sangre que le salía del pantalón le delató. El farmacéutico llamó a la Gendarmería y no pudo huir. En su muslo izquierdo tenía un balazo. Y en su mochila, una pistola.

La peculiar detención de Recondo salió en todos los periódicos. La versión oficial fue que se había herido en unos ejercicios con fuego real con un comando etarra. Su historial avalaba el accidente.

Recondo perteneció a la organización juvenil proetarra Jarrai entre 1996 y 1998. En 2000, con tan solo 21 años, participó en un ataque de ‘kale borroka’ a una sucursal del Barclays Bank de la avenida de la Libertad de San Sebastián. En 2001 ingresó en ETA, en un comando de información, el ‘Zuzen’, que dependía del ‘complejo Donosti’.

En marzo de 2002 consiguió huir después de que la Guardia Civil desmantelara ese ‘complejo Donosti’, pocos días después del asesinato del concejal socialista Juan Priede. Escapó a Francia. Ya había sido detenido un mes antes por la Ertzaintza, el 6 de febrero de 2002, cuando ya estaba siendo investigado por la Benemérita, acusado de formar parte de un grupo de violencia callejera que había realizado ocho ataques entre 1997 y 2001. En aquella ocasión fue puesto en libertad dos días más tarde.

Su facilidad para salir airoso de todas las situaciones comprometidas (la Ertzaintza solo le retuvo dos días y la Guardia Civil no pudo atraparle cuando realizó varias detenciones al desmantelar el ‘complejo Donosti’) no sentó nada bien en ETA, según fuentes antiterroristas.

Etarras con pasamontañas

Y es que según estas mismas fuentes, que participaron en 2003 en el interrogatorio en Francia de Recondo, el etarra no se hirió por accidente, sino que fue la propia ETA quién le interrogó con dureza porque sospechaba que era un topo policial. No le cuadraba que la Ertzaintza le hubiera soltado tan rápido y sobre todo que escapara de la Guardia Civil cuando todos sus compañeros y ‘jefes’ del comando habían sido apresados.

Varios etarras, con pasamontañas, intentaron hacer confesar a Recondo con métodos expeditivos. Le dispararon en el muslo izquierdo. “No pudo decir nada porque no era un topo nuestro. Se equivocaron con él. Al final se dieron cuenta y lo abandonaron. Tuvo que acudir a la farmacia para que no se desangrara”.

Recondo fue entregado a España en abril de 2006. Hoy está libre y desvinculado de la banda.

Ascensos en la Guardia Civil por la lucha contra ETA

Premios a la lucha contra ETA. El Ministerio del Interior ascendió la semana pasada a tres de los altos mandos de la Guardia Civil más involucrados en la lucha contra el terrorismo. Y los premios se han materializado en ascensos.

El general Pablo Martín Alonso, máximo responsable del Servicio de Información del Instituto Armado, ha sido ascendido al empleo de teniente general, el nivel más alto de la carrera militar.

El general Miguel Castro Manterola, actual jefe de la Zona de la Guardia Civil en el País Vasco y anterior jefe de la Comandancia de Vizcaya, ha sido promovido al empleo de general de división.

También a general de división ha sido ascendido Ildefonso Hernández Gómez, jefe de las Unidades de Reserva y anterior responsable del Grupo Antiterrorista Rural, con base en Logroño, pero que opera en el País Vasco y Navarra.

Todo reconocimiento a una labor tan importante es merecido, pero son muchos en la Guardia Civil los que quieren recordar a Interior que centenares de agentes de las escalas inferiores se han jugado la vida a diario combatiendo a los comandos de ETA, y que muchos de ellos no han recibido aún ningún reconocimiento y distinción. “Pero claro, en la Guardia Civil siempre ha habido clases”, comentan con ironía.

El último catálogo de puestos de la Guardia Civil cifra en 2.200 los agentes de la Benemérita destinados a la lucha antiterrorista. En cuanto a la Policía Nacional, hay 900 en los servicios de información.

El perdón de Josu Ternera y la rama de olivo de Arnaldo Otegi

El comunicado de ETA de este jueves está dando mucho que hablar y son muchos los factores a analizar. Quizás uno de los más importantes, por no decir el principal, es el de las víctimas. Al margen del debate que se ha levantado sobre el número exacto de vidas que ha robado la banda terrorista en los últimos 50 años, el perdón a tantas muertes causadas es otro de los temas planteados sobre la mesa.

Está claro que nadie esperaba en este comunicado que ETA pidiera perdón a las víctimas. ¿Pero lo va a hacer en un futuro? Nadie lo sabe. Documentos internos de la banda, interceptados el año pasado, dejan claro que no, que no está en su ‘hoja de ruta’ ni entregar las armas (las mantendrán para presionar en una hipotética negociación sobre presos, refugiados y militantes en activo) ni pedir perdón. Pero todo puede cambiar. El presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, el último negociador, asegura que el histórico dirigente etarra Josu Ternera, que sigue jugando un papel decisivo dentro de la banda, le dijo que sí, que ETA pedirá perdón. ¿Cómo lo hará, cuándo y qué parabras utilizará son aún una incógnita?

Parece ser que la izquierda abertzale también está dispuesta a asumir compromisos para reconocer a las víctimas de ETA y el daño causado. Habrá un debate interno sobre el tema y se prevé impulsar un documento público sobre las víctimas dentro del marco del Acuerdo de Gernika.

Utilizando paralelismos, el IRA no pidió disculpas por la muerte de civiles hasta julio de 2002 y no ordenó formalmente el fin de la campaña, dejando las armas y comprometiéndose a luchar por medios exclusivamente pacíficos hasta julio de 2005, siete años después de los Acuerdos de Viernes Santo.

La rama de olivo de Otegi

Lo que está claro es que corren nuevos tiempos dentro de la izquierda abertzale. Hasta el propio Arnaldo Otegi, líder de la ilegalizada Batasuna, que ha convendido a ETA de apostar exclusivamente por las vías políticas, es el primer partidario de lanzar gestos simbólicos que hablen de paz, concordia y reconcilicación.

Pocos saben que hace unas semanas, cuando Otegi fue condenado por el ‘caso Bateragune’, él y otros dos de los condenados, Miren Zabaleta y Arkaitz Rodríguez, intentaron entregar el día que les comunicaron su sentencia una rama de olivo a la jueza del caso, Angela Murillo. Sí, tres ramas de olivo para simbolizar una nueva época. No pudieron, la jueza se negó.